Un niño nada en una piscinaEl verano es sinónimo de piscina. Los más pequeños pasan horas. Muchos jóvenes también. Nadar es uno de los deportes más saludables. Beneficia el corazón, mejora la musculatura y, como no decirlo, refresca el cuerpo. Pero también puede tener algún efecto sobre la boca. Máxime cuando la exposición es muy frecuente o el agua no mantiene un pH adecuado.
El doctor Rafael Barrachina , de Clínica Dental Barrachina, explica que el problema no es el cloro por sí mismo. El riesgo aparece cuando el agua está mal equilibrada. Un pH demasiado bajo hace que el agua sea más ácida. Esta situación favorece la desmineralización del esmalte. Con el tiempo, los dientes pueden perder su capa protectora. También pueden aparecer sensibilidad, manchas o un mayor desgaste.
Los niños y niñas son especialmente vulnerables. Los dientes de leche tienen un esmalte más fino que las piezas definitivas. Esto las hace más sensibles frente a cualquier agresión química. Si el desgaste es importante, pueden aparecer caries con mayor facilidad. También pueden producirse molestias cuando comen alimentos fríos o calientes. En casos extremos, la pérdida prematura de un diente de leche puede afectar al correcto desarrollo de la dentición definitiva.
En adolescentes, ya con la dentadura definitiva, conviene también extremar las precauciones. Aparte de los baños veraniegos tenemos la vertiente deportiva que obliga a entrenar varias horas cada semana. Los nadadores de competición pasan mucho tiempo dentro del agua. Esta exposición continua aumenta el riesgo de erosión dental.
Las encías tampoco quedan al margen. Una boca deshidratada produce menos saliva. La saliva es el gran sistema natural de defensa de los dientes. Neutraliza los ácidos. Ayuda a reparar el esmalte. También controla las bacterias. Si disminuye, la boca queda más desprotegida.
Prevención y tratamiento
La prevención es muy sencilla. El primer consejo es evitar tragar agua de la piscina. También conviene hidratarse bien antes, durante y después del baño. Beber agua ayuda a mantener una buena producción de saliva. Después de salir de la piscina es recomendable lavarse la boca por dentro con agua limpia y si se ha pasado muchas horas a nado, es mejor esperar unos treinta minutos antes de cepillarse los dientes.
Así se da tiempo para que el esmalte recupere parte de su resistencia. También es interesante consultar si es conveniente utilizar algún producto especial, como podría ser una pasta dental con flúor o colutorios remineralizados.
Cuando el desgaste ya ha aparecido, existen soluciones médicas dentales. En casos leves, pueden aplicarse productos específicos que refuerzan el esmalte y reducen la sensibilidad. Si el deterioro es más importante, pueden ser necesarias reconstrucciones con resinas estéticas para recuperar la forma del diente. En situaciones avanzadas también pueden valorarse facetas o coronas, aunque son casos mucho menos frecuentes.
El doctor Rafael Barrachina, de Clínica Dental Barrachina, recuerda que no es necesario tener miedo a la piscina. La clave está en una buena prevención y, por supuesto, acudir a revisiones periódicas. Una exploración después del verano podría permitir detectar cualquier desgaste de forma precoz. Actuar a tiempo es la mejor manera de conservar una sonrisa sana durante toda su vida.


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