
La mano es mucho más que una herramienta: es el puente principal entre nosotros y el mundo. Representa cerca del 57% de nuestra funcionalidad global y nos permite desde gestos cotidianos hasta trabajos de gran precisión. ¿Pero qué ocurre cuando, después de una lesión aparentemente superada, el dolor no desaparece sino que se vuelve más intenso y persistente?
Según explican los expertos de Tec-Ma Rehabilitación, este fenómeno puede corresponder al conocido como Síndrome de Dolor Regional Complejo (SDRC), antiguamente llamado atrofia de Sudeck. Se trata de un trastorno en el que el sistema nervioso queda “bloqueado” en estado de alerta, enviando señales de dolor incluso cuando el tejido ya se ha recuperado.
“Es como si la alarma del cuerpo se quedara activada de forma permanente”, señala Miguel Blasco, quien destaca que este dolor disfuncional puede manifestarse con una sensibilidad extrema -alodinia-, hinchazón, cambios de temperatura y color en la piel, y una sensación de que la mano no responde con normalidad.
Ante esta realidad, la prevención es fundamental. Los expertos de Tec-Ma Rehabilitación recomiendan una rehabilitación respetuosa con el sistema nervioso. "El dolor excesivo durante los ejercicios no es una buena señal; puede indicar que estamos irritando aún más el sistema", advierten. Por ello, insisten en controlar el edema desde los primeros días, iniciar movimientos suaves y protegidos cuando sea posible, y educar al paciente para que entienda el proceso de recuperación.
Cuando el síndrome ya se ha instaurado, el reto es mayor pero también lo son las posibilidades terapéuticas actuales. En los últimos años, han emergido enfoques innovadores que ponen el foco en el cerebro, considerado como el centro del problema.
Entre las técnicas más destacadas se encuentra la terapia de espejos, que utiliza el feedback visual para ayudar al cerebro a reinterpretar el movimiento sin dolor. También la realidad virtual, que permite al paciente sumergirse en entornos interactivos que facilitan la reconexión con el movimiento de forma progresiva y menos dolorosa.
A éstas se añade la estimulación transcraneal de corriente directa (tDCS), una técnica que aplica corrientes suaves para modular la actividad cerebral, así como la diatermia, que actúa en profundidad para mejorar la circulación y acelerar la recuperación de los tejidos.
“Lo importante es entender que no es una situación irreversible”, remarcan los especialistas. La capacidad del cerebro para adaptarse -la neuroplasticidad- abre la puerta a la recuperación, incluso en casos complejos.
Con una combinación de conocimiento clínico y tecnología avanzada, los profesionales apuestan por un abordaje integral que va más allá del síntoma. Porque, en definitiva, recuperar la mano es también recuperar autonomía, calidad de vida y confianza en el propio cuerpo.


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