Tras la victoria mora de la mañana, con la media luna ondeando en lo alto del castillo, la tarde ha vuelto a poner la palabra antes de recurrir de nuevo a la pólvora. Pero en Alcoy, cuando llega ese momento, todos saben que el diálogo es intenso… pero también que la historia está ya escrita en forma de representación.
A primera hora de la tarde, las tropas cristianas han vuelto a la carga, esta vez con la voz como única arma inicial. La Embajada Cristiana, con Antonio Delgado a la cabeza, ha implorado la recuperación de Alcoy y de su castillo, intentando revertir el resultado de la mañana. Palabras firmes, gestos cargados de simbolismo y un mensaje claro: Alcoy no se rinde.
Pero en lo alto de la fortaleza, el Embajador Moro, Óscar Martínez, ha mantenido la posición sin ceder ni un milímetro. El parlamento cristiano no ha logrado romper la defensa moral de los vencedores de la mañana. Y así, la palabra ha ido subiendo de tono hasta agotar la senda de la negociación.
Cuando el diálogo ha terminado, ha devuelto lo que Alcoy conoce tan bien: la pólvora. Las calles del centro han vuelto a llenarse de la nube densa de los trabucos, con una nueva batalla de arcabucería que ha hecho temblar cada rincón. Los 2.960 kilos de pólvora que se disparan durante todo el día han vuelto a hacerse sentir con fuerza, marcando una tarde intensa, ruidosa y llena de emoción.
La guerra simbólica sigue, como siempre en la Fiesta. Y mientras el humo se dispersa entre fachadas y calles estrechas, Alcoy sabe que todavía queda camino hasta el final de la trilogía y que lo ve en Pagina66.



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