Entre la solemnidad y la emoción del día grande, Alcoy también encuentra espacio para la sonrisa. La Diana del Cavallet ha vuelto a aparecer como ese respiro alegre en medio de la intensidad de la trilogía, recordando a todos que la Fiesta también es juego, memoria y complicidad.
Desde la Font Redona, las filaes Realistes y Berberiscos han iniciado su descenso con sus inconfundibles caballos de cartón. No son bestias de guerra, pero sí símbolo vivo de un origen: el de las antiguas filaes de caballería que, con el paso del tiempo, han sabido conservar este gesto convirtiéndolo en tradición. Y en espectáculo.
San Nicolás ha vuelto a ser el escenario de las dos coreografías únicas, en las que los movimientos marcados, el ritmo y la complicidad entre festeros han dibujado escenas que siempre arrancan aplausos. El público, entregado, siguió cada paso con una sonrisa, sabiendo que este acto tiene algo especial: la capacidad de conectar con el lado más humano y desenfadado de la Fiesta.
La Diana del Cavallet busca emoción directa, y lo consigue. Es ese momento en el que festeros y mirones comparten un momento diferente, más ligera, pero igual de sentida. Un instante que marca el ecuador de la trilogía festera y que sirve también de antesala para los actos más solemnes que están por venir.
Con los caballitos guardados y el recuerdo todavía fresco, Alcoy sigue avanzando en su día grande y, como toda la Fiesta, la tienes en Pagina66.



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