La Entrada Cristiana ha continuado avanzando con fuerza, a la espera del estallido final: el paso de laAlferesia de la filà Asturianos, un homenaje vivo a las tierras del norte y al origen legendario de la Reconquista.
El desfile ha comenzado con los festeros y festeras de la filà y su escuadra oficial, marcando el paso de un séquito que ha combinado historia, imaginario y sentimiento.
Como marca la tradición, la figura de mosén Torregrosa ha abierto el relato. Rubén Calatayud ha representado al cura de Alcoy en los hechos de 1276, aportando ese punto simbólico que conecta directamente con la esencia de la Fiesta.
A continuación, han aparecido los 'Monxus Guerrerus', defendiendo la cruz sagrada con el acompañamiento de la Aleación de Campaneros de Alcoy y la percusión Raval Jussà, en una escena cargada de fuerza y espiritualidad. El cortejo ha crecido con una puesta en escena rica en detalles y referencias al imaginario asturiano.
Los ballets de Virginia Bolufer y Ana Botella, han sido integrados con naturalidad dentro del conjunto. Han desfilado los 'Gandayas', con su aire festivo y desenfadado; las 'Agüeras', guardianes del agua; los traviesos 'Xarabatus'; las brujas, conocedoras de los secretos de la naturaleza; los 'Llugareñus', representando al pueblo; y los 'Valerosus', soldados fieles al Alférez y la Cruz de la Victoria, elemento que más tarde se convierte en elemento importante. Todo un universo simbólico que ha dado cuerpo a una propuesta coherente y muy trabajada en la que las cruces, cencerros y campanas han hecho de hilo conductor.
Uno de los momentos destacados ha sido el paso de los doce caballeros y las dieciséis damas, un grupo muy especial para el alférez. Pertenecen a cinco familias y tres generaciones con mucha vida y Fiesta vivida juntos, que han escenificado el carácter profundamente familiar de esta Alferesia. Trajes con diseños de Juan Climent, han desfilado sobre una carroza del Llombo, mostrando elegancia y unidad.
La música ha sido otro de los pilares del cortejo: fuerte, rápida, guerrera y asturiana, con la participación de formaciones como la Colla Mal Passet, Música Nova de Alcoy o el Ateneo Musical de Rafelguaraf, entre otros, que han aportado ritmo y ambiente a un desfile que no ha perdido intensidad en ningún momento.
El momento central ha llegado con el Alferes Cristià, Fernando Jordà Abad, que ha encarnado la figura de Pelayo con una carga simbólica clara: el inicio de la Reconquista y la fuerza de la Cruz de la Victoria Asturiana, un símbolo de fe y protección divina que marcaría el comienzo de la recuperación de los territorios cristianos. La Cruz de la Victoria simboliza la unión de los pueblos, la memoria viva de las leyendas y la fuerza de la fe en torno a Pelayo. Es el elemento central de la carroza, junto al humo purificador que ha ido esparciendo.
Lo ha hecho acompañado por su favorita, Rosa Jornet Claros, y sus hijas, Ana i Sara, en una imagen que ha reflejado el carácter familiar y emocional del cargo. Los trajes han mantenido una línea elegante y coherente con todo el cortejo.
La calle se ha llenado así de referencias a Asturias, cuya ambientación ha hecho valer la unión, la tradición y la memoria. Una propuesta que ha conectado con el público y que ha transmitido con claridad el mensaje de la filà.
El cierre ha llegado con una escuadra especial que ha aportado un punto original y potente: guerreros pescadores asturianos que, según la propuesta, han convertido los restos de sus barcos en armaduras para la batalla. Una imagen final que ha completado un conjunto sólido, coherente y cargado de significado.



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