
El trabajo que presentamos es un análisis desde las perspectivas de la Publicidad y el Diseño Gráfico. Forma parte del Trabajo de Fin de Grado que la firmante de este artículo realizó en 2023, calificado con excelente.
Una idea en el centro de todo
Hay carteles que cuentan una fiesta… y otros que encuentran la clave para resumirla. El de 1961, obra de Pedro García Aznar, gira en torno a una sola idea poderosa: el “volaoret”. No como detalle anecdótico, sino como auténtico eje conceptual y visual de toda su composición.
El “volaoret”, más que un elemento festivo
El volaoret no es una invención gráfica: forma parte del imaginario real de las Fiestas de Moros y Cristianos de Alcoy. Tradicionalmente vinculado al acto de La Retreta —el momento más desenfadado y satírico de las fiestas—, este artefacto pirotécnico, ligero y giratorio, era utilizado especialmente por la filà Cruzados. Su movimiento, casi hipnótico, convertía la noche en un espectáculo de luz y dinamismo, cuya estética muy característica ha quedado grabada en la memoria colectiva.
Con el tiempo, el “volaoret” se ha convertido también en un símbolo visual: una forma reconocible, asociada tanto a la fiesta como a una manera de vivirla, más popular e irónica. Es precisamente esa carga simbólica la que García Aznar sabe aprovechar.
Lejos de ser un simple elemento decorativo, el “volaorete” se convierte en el esqueleto del cartel. A partir de él todo se organiza con una precisión casi matemática. En el eje horizontal, las banderas mora y cristiana; en el vertical, el turbante y el casco. Una cruz visual que sintetiza, con claridad extraordinaria, la dualidad de la Fiesta.
Un centro simbólico
En el punto de intersección de ese sistema aparece el escudo de Alcoy, reforzando la idea de centralidad e identidad. No es sólo un recurso compositivo: es el lugar en el que convergen todos los significados.
Geometría que habla
El resto del cartel responde a esa misma lógica de orden. Formas geométricas, composición bidimensional y un gran fondo rojo que domina más de media superficie, generando tensión sin romper el equilibrio. Todo está medido, todo tiene función.
Color y síntesis
Los colores, planos y sin artificios, refuerzan su lectura inmediata: rojo, verde y amarillo como base, con presencia de azul y blanco. No hay distracciones. Cada tono está al servicio de la idea central.
Tipografía en segundo término
Hasta cuatro tipografías conviven en el cartel, pero ninguna de ellas eclipsa el protagonismo del “volaoret”. El texto guía la lectura —con Fiestas en San Jorge como primer impacto— pero es la imagen la que realmente construye el discurso.
Cuando una forma lo explica todo
El cartel de 1961 demuestra que, en ocasiones, una sola idea bien utilizada puede sostener toda una obra. El “volaorete” no sólo organiza el espacio: ordena el significado. Y convierte al cartel en una síntesis visual tan simple como memorable.
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