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REPASAMOS CARTELES DEL PASADO

1966: el cartel que volvió a levantar Sant Jordi

La aparición como elemento central de las Fiestas

María Requena - Lunes, 20 de Abril de 2026
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Después de unos años marcados por la síntesis y la geometría, el cartel de 1966 recupera una figura reconocible. Pero no vuelve atrás: lo hace de otra forma.

La obra de Luis Solbes Payá presenta de nuevo a Sant Jordi como protagonista, pero construido con un lenguaje moderno, hecho de planos, aristas y luz.

Un Sant Jordi en movimiento

En el centro de la composición, Sant Jordi se levanta sobre su caballo blanco, con la espada en alto. No es una imagen estática: todo transmite acción. El cuerpo del caballo, las capas, los elementos que caen… todo apunta hacia arriba, en una diagonal ascendente que da tensión y dinamismo a la escena. Es la representación de la Aparición, el momento en que el santo interviene, elevándose e imponiéndose.

Realismo construido con geometría

Aunque la figura es reconocible, no está tratada de forma clásica. Todo está resuelto con líneas rectas, sin curvas, y volúmenes fragmentados. El resultado recuerda a una estética cercana al cubismo: una forma de construir el realismo a partir de planes. No es una vuelta al detalle tradicional, sino una moderna reinterpretación de la figura.

La luz como protagonista

Uno de los elementos más potentes del cartel es el uso de la luz. Desde el fondo, una serie de rayos amarillos y naranjas atraviesan la composición en diagonal, dirigiendo la mirada hacia el cielo. Esta luz no sólo ilumina: construye la escena.

Marca el movimiento, refuerza la figura de Sant Jordi y genera contraste con las zonas más oscuras. Es casi un elemento narrativo, que acompaña a la acción y le da épica.

La derrota en los pies

En la parte inferior, la derrota mora queda representada de forma simbólica: una bandera caída, un turbante, un escudo y un sable. No hay figura humana, pero el mensaje está claro. Es una solución más sintética que en otros carteles, pero igual de efectiva.

Una composición clara

A la izquierda, parte del castillo sitúa la escena. En la parte inferior, el texto se organiza en bloques diferenciados, con el nombre de Alcoy destacando en gran formato.

La tipografía en mayúsculas, combinada con colores como blanco, amarillo y naranja, mantiene la coherencia con el resto del cartel.

Tradición y modernidad

El cartel de 1966 recupera a un protagonista clásico: Sant Jordi. Pero lo hace con un lenguaje visual contemporáneo alejado del realismo académico. Es un interesante equilibrio: reconocer la tradición sin renunciar a la modernidad.

Porque no siempre se trata de elegir entre una cosa o la otra. En ocasiones, se trata de saber combinarlas.

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