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LA FIESTA ANTES DE LA FIESTA

Recreando 1276: ¿cómo dice la IA que iban vestidos en el bancal los Maseros de 1276?

Ponemos festera a la inteligencia artificial para jugar a imaginar la historia

Redacción - Martes, 21 de Abril de 2026
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Entre la música que ya se escucha cada noche y los vestidos que ya se ven saliendo de la tintorería, nos agarra el apetito de imaginar. Y para hacerlo modernito se ayudamos de la inteligencia artificial: Le hemos preguntado cómo irían vestidos, en el siglo XIII, los personajes que hoy dan nombre a algunas filaes de Alcoy.

No es una revisión histórica de los trajes actuales -que tienen su propia evolución, su camino y su identidad-. Es simplemente un juego: imaginar cómo eran aquellos protagonistas de los hechos de 1276. Y de paso, poner ante el espejo una herramienta que despierta tanta curiosidad como debate. Aunque sea con un tema tan nuestro y tan festero.

Hoy toca una filán muy de casa: Labradores, los Maseros.

 

Los campesinos del siglo XIII

Existe un detalle histórico que ayuda a entender aún mejor el resultado. En el siglo XIII, tras la conquista cristiana de la zona por Jaime I de Aragón, muchos de los agricultores que repoblaron estas tierras procedían de Aragón y Cataluña. Esto hace que su indumentaria no fuera algo local en sentido estricto, sino compartida con otras zonas del noreste peninsular. Es decir, la ropa del agricultor del Alcoyano sería muy parecida a la de los agricultores medievales de aquel amplio espacio de la Corona de Aragón: práctica, resistente y marcada por las mismas necesidades de trabajo y de clima.

En cualquier caso, la imagen es clara: no hay ornamento ni exhibición. Hay trabajo. Hay tierra. Hay supervivencia. La ropa del labrador medieval nada tiene que ver con el traje festivo actual, que bebe del tradicional valenciano de los siglos XVIII y XIX. Aquí todo es más antiguo, más duro y mucho más funcional.

 

¿Y cómo vestían? Ellos

[Img #71607]La pieza principal es la túnica -o gonella- de lana o lino. Llega hasta la rodilla o media pierna, ancha para poder moverse con libertad. Las mangas son largas, pero sin ajustes excesivos. Todo pensado para trabajar. Los colores, los que da la tierra. Blanco crudo, marrón, gris, ocre, verde apagado. Los tintes eran caros, y eso se nota: ahí no hay brillo ni fiesta, hay realidad.

Debajo, medias de lana, ajustadas a la pierna. O, en días de trabajo intenso o calor, directamente la túnica y poco más. Lo importante era el trabajo, no la estética.

El cinturón de cuero sencillo es imprescindible. No sólo ajusta la ropa: también lleva la vida cotidiana colgada. Un cuchillo, alguna herramienta pequeña, lo que haga falta.

En el invierno, entra en juego la capa corta de lana basta o la piel de cabra u oveja. Piezas pesadas, pensadas para el frío de las sierras interiores, como las de Mariola, como las de Polop, como las de Canal.

En los pies, zapatos de cuero simple o abarcas gruesas. Y muchas veces, también descalzos en las labores del campo. Sin romanticismo: pura necesidad.

Sobre la cabeza, protección básica. Un pañuelo de lino, una capucha o un sombrero sencillo de lana. Nada más. Ni adornos ni detalles decorativos.

Y los herrajes son su auténtico símbolo: horcas de madera, azadas, hoces, bieldos... La horca, de hecho, encaja perfectamente con esta imagen de trabajo agrícola medieval.

 

¿Y cómo vestían? Ellas

[Img #71608]La mujer labradora del siglo XIII mantiene la misma línea: funcionalidad por encima de todo.

Túnica larga hasta los tobillos, ancha, de lino o lana. Colores naturales: blanco crudo, marrón, gris, ocre o verde apagado. Sin adornos ni detalles llamativos.

Encima, un delantal o sobre falda, pieza clave que la diferencia visualmente y que protege la ropa durante el trabajo. Práctica pura.

El cinturón, al igual que en los hombres, es sencillo: cuero o faja de tela. Sirve para ajustar y llevar alguna bolsa pequeña o herramienta.

Cuando hace frío, capa corta de lana o piel, como en el caso masculino. Y el calzado, idéntico: zapatos de cuero burdo o botas simples. O, de nuevo, pies descalzos cuando toca trabajar.

La cabeza, eso sí, marca una diferencia clara: pañuelo o toca de lino cubriendo el cabello, atado de forma práctica. Blancos o tonos naturales, sin más.

Y los elementos de trabajo sustituyen a cualquier otra cosa: cestas de mimbre, sacos de cosecha, fajas de trigo, aceitunas… la vida cotidiana hecha imagen.

 

Una imagen sin artificio

Si nos imaginamos un grupo de campesinos del siglo XIII por la zona de Alcoy, la imagen sería contundente: ropa sobria, colores terrosos, tejidos resistentes y una estética absolutamente funcional. Nada de lujo. Nada de decoración. Todo pensado para aguantar el día a día.

Y en el fondo, esto es lo que hace interesante este ejercicio. Porque nos recuerda de dónde venimos. Y también cómo, con el tiempo, la Fiesta ha transformado esa realidad dura en color, música y espectáculo.

 

UN JUEGO... MUY NUESTRO

Al final, todo esto no deja de ser un entretenimiento. Uno de esos juegos que sólo se entienden en clave festera alcoyana, cuando la historia, la imaginación y el sentimiento se mezclan sin necesidad de poner demasiados filtros.

Pero también tiene algo bonito. Porque, entre líneas, nos recuerda que detrás de cada filá hay un relato. Una historia que empezó hace siglos y que, año tras año, seguimos reinventando.

Y eso sí que no es un juego. Esto es Fiesta.

Esté atentos, continuaremos jugando. Nosotros, mientras llega la trilogía, seguimos con estas cosas. Porque también forman parte del espíritu festero.


 

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