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LA FIESTA ANTES DE LA FIESTA

Recreando 1276: ¿cómo dice la IA que iban vestidos los cántabros montañeses del siglo XIII?

Ponemos festera a la inteligencia artificial para jugar a imaginar la historia

Redacción - Lunes, 20 de Abril de 2026
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Hay días, en la previa de Fiestas, en los que la cabeza ya está más en Diana que en cualquier otra cosa. Y en ese ambiente, entre nervios e ilusión, nos ha dado por hacer un pequeño juego. Un ejercicio sin demasiadas pretensiones, pero bien entretenido: preguntarle a la inteligencia artificial cómo vestirían, en el siglo XIII, a las personas que hoy dan nombre a algunas de las filaes alcoyanas.

No se trata de revisar los trajes festeros -que tienen su propia historia y evolución-. Ni tampoco de dar lecciones de historia. Es, simplemente, intentar imaginar cómo podrían haber sido aquellos protagonistas de los hechos de 1276. Y de paso, poner a prueba una herramienta que tanta conversación genera. Aunque sea con algo tan nuestro y tan festero.

Hoy nos fijamos en los Muntanyesos.

 

La filà Montanyesos

La idea nos lleva directamente al norte. En la cordillera Cantábrica. En tierras de frío, de montaña y de gente acostumbrada a vivir con lo justo… pero con mucha resistencia.

Históricamente, la presencia de cántabros en las campañas de Jaime I no fue especialmente destacada. El ejército que conquistó Valencia estaba formado, sobre todo, por aragoneses, catalanes o navarros, pero la imagen del montañés encaja perfectamente con ese perfil de guerrero de frontera, duro, práctico y sin demasiados adornos.

Y esto es justo lo que aparece cuando nos ponemos a imaginarlos en el siglo XIII.

 

¿Y cómo vestirían? Ellos

[Img #71582]Aquí olvidamos a los grandes caballeros. Nada de brillos ni telas ricas. El montañés es otra cosa.

La base sería una túnica corta de gruesa lana, hasta la rodilla. Práctica, resistente, pensada para el frío. Colores oscuros y naturales: marrón, gris, verde oscuro o algún azul apagado. Tejidos bastos, de los que aguantan.

Debajo, medias ajustadas de lana. Un detalle muy norteño, muy útil para moverse por caminos complicados. Sujetas debajo de la rodilla, pensadas para caminar, subir y bajar sin problema.

La capa es probablemente la pieza más característica. Gruesa, pesada, de lana. De esas que te protegen del frío y del viento. Con un broche sencillo en el cuello. Una capa que dice de dónde vienes sin necesidad de palabras.

En la cabeza, poco sofisticada: un casco simple, una cervellera, o incluso un sombrero de lana o de piel. Porque no todos eran caballeros; muchos serían guerreros de infantería o mercenarios.

La protección también sería limitada: un gambesón acolchado, alguna prenda de malla… y poco más. Nada de grandes armaduras.

Y las armas, directas y efectivas: lanza, espada corta, cuchillo… y una que encaja perfectamente con esta filá: el hacha. Una prenda que da mucha personalidad y que refuerza esa imagen de fuerza bruta y resistencia.

 

¿Y cómo vestirían? Ellas

[Img #71581]Si imaginamos a una mujer montañesa, la imagen sigue siendo igual de clara.

Vestido largo de lana, sencillo, sin adornos. Encima, un delantal o sobre regazo, muy funcional. Un chal o capa corta para protegerse.

La cabeza cubierta con un pañuelo o una toca, como era habitual.

Y los colores, en la misma línea: verdes oscuros, marrones, rojos apagados, tonos crema. Todo muy natural, mucho monte.

Es una estética labradora, de vida dura, muy alejada de las imágenes más urbanas o mediterráneas que vemos en otras filaes. Otra forma de ser guerrera.

 

Guerreros austeros

Si comparamos esta imagen con la de los caballeros aragoneses o navarros, la diferencia es clara. El montañés no es noble, no es refinado. Es resistente. Es un guerrero acostumbrado al frío, a la piedra, a salir adelante con lo que tiene. Menos espectacular sí, pero con una presencia muy potente.

Y esto es lo que hace especial en la filà Muntanyesos. Que si la llevaremos al siglo XIII tendría una estética más austera… pero también mucho más cruda.

Al final, volvemos siempre a lo mismo: la Fiesta no busca copiar la historia. Busca emocionar. Y lo hace transformándola, adaptándola, haciéndola mayor. Y nosotros, mientras, seguimos jugando a imaginar cómo eran… mientras disfrutamos, como siempre, de cómo son.

 

UN JUEGO... MUY NUESTRO

Al final, todo esto no deja de ser un entretenimiento. Uno de esos juegos que sólo se entienden en clave festera alcoyana, cuando la historia, la imaginación y el sentimiento se mezclan sin necesidad de poner demasiados filtros.

Pero también tiene algo bonito. Porque, entre líneas, nos recuerda que detrás de cada filá hay un relato. Una historia que empezó hace siglos y que, año tras año, seguimos reinventando.

Y eso sí que no es un juego. Esto es Fiesta.

Estad atentos, continuaremos jugando.

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